Un momento en el camino

Un momento en el camino

Rikardo Idiakez, Director de comunicación de Ternua Group

Nunca es fácil justificar lo irracional. Rechazar unas patatas bravas. Quitar horas a los tuyos. Algunos euros de más en tacos de goma. “Id vosotros por esta vez; yo tengo sesión mañana”. La sensación de huída.

Nunca es fácil justificar lo irracional. Y menos para los que somos carne de oficina; para los que compartimos oficio con los mejores del panorama del trail, y nuestro crono impresionará a pocos.

El camino se hace largo, y duro. Pero todo es más fácil cuando hablamos de Zegama. Dices “Zegama”, y todos lo entienden. El fin, quizás no, pero el camino justifica lo irracional.

Y más cuando uno siente que la suerte está de su lado, y ésta, sí, es la buena. Doble notición la noche del sorteo: “Os ha tocado. A ti y a Josu”. Empiezan los temblores. No hay marcha atrás. Y ahora, ¿cómo lo hago?; un mensaje de Jokin, y ya está: “tranqui, te echo una mano”. Y muchas manos más que sientes sobre tu espalda: consejos (de muchos, y grandes, amigos), entrenos compartidos, largas conversaciones sobre supuestas teorías del trail, apuestas…

No hay nada que perder. Todo suma. La lección se aprende a cada paso.

Y cuando uno llega a entender esto, el camino se llena de rosas. De grandes momentos compartidos con los tuyos. Paso a paso, entreno a entreno, los pensamientos se alinean hacia el objetivo. Y lo argumentos ya no importan; lo irracional se abre paso y allana el camino. Lo físico alcanza lo metafísico.

Y llega el día y todo brota. Miles de pensamientos, momentos, que uno no llega a procesarlos a las 24 horas después de la carrera.

Son momentos. Inolvidables. Detalles que no se olvidarán nunca, todo entremezclado, y que comparten una sensación de “esto no tiene precio”   Zegama Aizkorri

El calor de los tuyos. Los mensajes sorpresa de tus colegas de trabajo (¡muy grandes!). El calor de los desconocidos, que ese día también son tuyos. El indescriptible clamor de la gente en Aizkorri, que te hacen saltar las lágrimas. Sin duda, un momento que, por miles de veces que sea mencionado, no se puede explicar con palabras.

Ese momento en el que la pájara te alcanza, no puedes más, y tu amigo de toda la vida, que va lanzado, te dice “esto lo acabamos juntos”. Y vas y lo acabas. Lo acabamos. Porque esto no tiene sentido si no lo compartes. Es un sueño compartido. Y sobre todo, una gran lección: que todo esto se trata de recorrer el camino, compartirlo con tu gente, aprender a cada paso, y, sobre todo, disfrutarlo.

Mila esker Zegama. El año que viene volveremos, muy probablemente como aficionados; porque no hace falta correrla para sentirte parte de la mejor carrera del mundo.

Non gogoa, han zangoa!

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